La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmona, lo tiene claro: la contaminación atmosférica de la ciudad tiene que reducirse cuanto antes. Para ello es imprescindible reducir la presencia de vehículos en la capital, donde la contaminación ha llegado a valores históricos propiciados por un verano muy dilatado en el tiempo sin casi lluvias que contribuyan a eliminar la polución en el aire. Por eso mismo el área de Medio Ambiente y Movilidad de la capital de España ha dictaminado una velocidad máxima para circular por la M-30 y en todos los accesos a la capital: los 70 kilómetros por hora.

Según las autoridades madrileñas esta es la velocidad de tráfico en la que menos se contamina. El consistorio está trabajando para que esta propuesta sea efectiva ya en 2017 y de forma permanente. En paralelo se pretende que la llamada “almendra central” –el centro de Madrid- sea un área restringida al tráfico solo para residentes, igual que ocurre en la ciudad de Londres.

La situación de contaminación es tan grave que entre el domingo 30 de octubre y el martes 1 de noviembre tuvo que activarse el protocolo contra la contaminación que restringió la circulación en la capital. Las medidas de reducción de velocidad y creación de aparcamientos disuasorios se complementará con nuevas peatonalizaciones de calles, entre las que se contempla la posibilidad de incluir la Gran Vía.

El ayuntamiento de Madrid no ha especificado todavía cómo puede afectar este plan al transporte de mercancías, mientras que el Partido Popular –en la oposición- ha asegurado que tanto la creación del Área de Prioridad Residencial como la limitación de velocidad generará un bloqueo y un aislamiento en la almendra central de la ciudad en la que el consistorio pretende priorizar la movilidad peatonal, la bicicleta y el transporte público.

 

Redacción ATNcargo