La reciente muerte de Fidel Castro abre perspectivas inciertas en la isla de Cuba, empezando por la posible relajación del régimen económico socialista cubano en la que el Estado tenía un papel fundamental. La posible transición hacia un modelo democrático está por ver, pero la abertura de relaciones comerciales con los Estados Unidos hacen prever  una evolución hacia por lo menos una economía mixta.
      ¿Y qué papel jugará el transporte en esta economía? Sin ningún tipo de dudas será fundamental puesto que se liberalizará un sector estatal. Con una red viaria en no demasiado buen estado pero bastante larga (más de ochocientos quilómetros entre La Habana y Santiago y más de mil de punta a punta de la isla), Cuba puede convertirse en una buena oportunidad de negocio para el transporte por carretera de todo tipo de mercancías.
      Los inversores españoles están bien colocados en la casilla de salida. El inicio de los vuelos comerciales regulares entre Miami y la Habana esta misma semana, es indicador de que el siguiente paso será el restablecimiento de la ruta marítima entre Estados Unidos y el país caribeño. La llegada de Donald Trump a la presidencia americana no es la noticia más halagüeña para estos acuerdos comerciales, pero el exilio de Miami y las necesidades inversoras siempre serán más poderosas que no la política de cara a la galería del nuevo presidente. Y aquí es donde entra en juego la baza española: una empresa sólo americana tendrá mucho más complicado garantizar el transporte que una UTE participada por capital español.
     Las tradicionales buenas relaciones comerciales entre los emprendedores nacionales y el gobierno cubano, ejemplificada especialmente en la presencia de las grandes cadenas hoteleras en la isla, pueden ser claves para crear una alianza de intereses: barcos americanos que en sus bodegas trasladen camiones españoles dispuestos a abrir la isla de Cuba al negocio enorme de la economía de mercado. Una nueva revolución se vislumbra en el horizonte.
Redacción ATNcargo