La fiscalía de París pidió el pasado jueves la abertura de una investigación judicial sobre los motores diésel de la marca Renault tras sospechar que la empresa francesa ha  engañado a los consumidores y ha puesto en riesgo la salud pública.

Hace un año las sedes de la compañía ya sufrieron un registro por parte del gobierno que comportó una caída de más del 20% de la cotización en bolsa. En esta ocasión no ha llegado al 3%, aunque las consecuencias pueden ser mucho peores, ya que tras más de un año de inspecciones por parte de las autoridades francesas el gobierno francés no solo está dispuesto a desenmascarar el fraude, en caso de que exista sino que también ha declarado la guerra al diésel en un país en el que este carburante domina todavía el mercado.

Tras el escándalo del fraude en las mediciones de emisiones detectado en Estados Unidos en los motores diésel de Volkswagen, servicios técnicos del Gobierno francés iniciaron su propia investigación con análisis aleatorios de vehículos de distintas marcas. Sus inspecciones dañaron el valor bursátil de Renault, pero también del otro gran constructor galo: PSA Peugeot Citroën.

La fiscalía pide la investigación por presunto engaño acerca de las cualidades de sus vehículos y los controles realizados sobre emisiones peligrosas para la salud humana y la salud animal. Tres jueces de instrucción especializados en delitos contra la salud pública analizarán los dispositivos utilizados por el constructor de automóviles. El fraude está penalizado en Francia con dos años de cárcel y/o una multa de 300.000 euros.

La compañía ha emitido un comunicado en el que dice no estar oficialmente informada de la apertura de la investigación judicial y asegura que sus vehículos no están equipados con software fraudulento que engañe sobre sus emisiones. “Nuestros vehículos”, añade la nota, “están y han estado siempre homologados conforme a la ley y los reglamentos”.

El valor de las acciones de Renault, cuyo grupo detenta también las marcas Dacia y Renault Samsung, cerró la sesión de este viernes a 83,76 euros, lejos de los 98,52 euros que llegaron a valer en mayo de 2015. Durante ese año, Renault aumentó sus beneficios un 48% en una dinámica de crecimiento de tres años consecutivos. El nivel de su valor en Bolsa no ha vuelto a alcanzar aquel máximo de hace año y medio y la firma está reorientando su producción hacia el vehículo eléctrico.

 

Redacción