Francia se prepara para vivir las elecciones presidenciales más disputadas de su historia. ¿Cómo puede afectar esto al transporte por carretera en un Estado fundamental por su posición en el centro de Europa? De momento parece que la extrema derecha liderada por Marianne-Le Pen tiene una  plaza segura en la segunda vuelta electoral francesa. Y su programa es altamente intervencionista y peligroso para la libre circulación de personas y mercancías impuesto en el marco de la Unión Europea. Le Pen es antieuropeísta, aplaudió el Brexit inglés y da apoyo a Donald Trump. Quiere endurecer las políticas antiinmigración –especialmente por lo que se refiere a los musulmanes- e imponer una política económica muy proteccionista para los productos franceses, con lo que el transporte por carretera puede verse gravemente afectado con nuevos aranceles, especialmente si salen de la Unión.

Y aunque es difícil que logre la presidencia en la segunda vuelta, lo más incierto será quién la  acompañará en la segunda refriega de los comicios.  François Fillon, líder del centro-derecha, se ha desplomado en las últimas semanas al verse implicado en un caso de corrupción que afecta a la contratación de su mujer; el socialista Benoit Hamon ha derrotado al candidato oficial Manuel Valls y ha abierto un cisma importante en el partido; mientras que un nuevo candidato parece ser el elegido, Emmanuel Macron, de 39 años, del partido En Marche, creado hace sólo diez meses y a la izquierda de los socialistas. Si todo discurre sin sorpresas, dos nuevos partidos se disputarán el Elíseo: Le Pen i Macron.

Aunque el programa económico de Macron no se ha dado a conocer, parece ser que muy pocas cosas cambiarán en lo que se refiere al transporte por carretera. El partido es crítico con la Unión Europea pero no desea abandonarla. Tal vez intentará algún tipo de regulación sobre los productos frescos franceses, puesto que una parte del campesinado agrícola le apoya. Si se imponen socialistas o conservadores, no habrá grandes cambios puesto ambos son partidos de corte tradicional. Pero sea como sea, lo que está claro es que en Francia está a punto de producirse un cambio histórico que afectará en mayor o menor medida a la economía.

 

Redacción